“En los últimos años empezaron a venir más mujeres a comprar cosas de ferretería. Ahora la cantidad es pareja y casi no hay diferencia en cuanto a la compra. Excepto porque las mujeres son más de sumar un difusor de olor o alguna cosita más a eso que vinieron a buscar.
La ferretería es de mi mamá, su papá tuvo una, y de chica aprendió del rubro. Eso no es tan común, porque la mayoría de las ferreterías son atendidas por hombres. Acá atendemos todas mujeres. Los hombres suelen tener mucho prejuicio con eso, creen que no sabemos. Algunos días viene a visitarnos mi papá y se queda sentado a un costado, pero los clientes van a buscarlo. Aunque me ven acá parada les tengo que decir que soy yo la que está atendiendo”.
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